Es difícil tomar decisiones de culminación en cualquier tipo
de relación. Aunque por varias situaciones el desenlace de las historias se prevé,
uno sabe desde un comienzo cuando las cosas no van bien y hasta cómo van a
finalizar, pero nos empeñamos en ver lo positivo y abatir las circunstancias.
En muchas de estas ocasiones
esperamos que los demás sean los que tomen la decisión o la dejamos en sus
manos, y no precisamente porque no seamos capaces de asumir las consecuencias, sino porque
queremos tener distractores de nuestra mente, estos solo logran que mantengamos
nuestros pensamientos en personas que no merecen nuestro apoyo ni compañía y no
porque sean equivocaciones sino porque hay vínculos que cumplen su ciclo.
Que es normal que una persona sufra y la otra ni se entere sí,
porque el sentir es individual, por ejemplo aunque nos duela que una persona ya
no haga parte de nuestro día a día y recordemos los más bonitos momentos y
tengamos mucho agradecimiento por habernos dado un poquito de su ser hay lazos
que se rompen, unos de forma radical y
otros con lentitud, cuerda por cuerda.
El tiempo hace lo justo, es así que debemos vivir cada
experiencia con tal intensidad y cariño que cuando se acabe, no haya
remordimiento porque hicimos las cosas de
la mejor manera, mi conciencia no tendrá distractores, siendo estos los que nos
hacen repetir historias una y otra vez.
¡Es por esto que perder el tiempo es perder la vida!
¡Es por esto que perder el tiempo es perder la vida!